Estudiante venezolana de la Javeriana dice que no todas las 'venecas' vienen a prostituirse

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Artículo de Astrid González Vía: las2orillas. Ante el creciente estigma contra los venezolanos y los estereotipos negativos con los que se han visto marcados durante los últimos meses, una joven estudiante de la javeriana procedente de Venezuela decidió narrar para ‘las2Orillas’ desde su perspectiva la problemática con sus coterráneos en Colombia, y cómo se ha convertido en un problema para las mujeres los señalamientos hechos por los colombianos.

La joven cuenta cómo su padre tuvo que salir del vecino país en 2013 después de la muerte de Chávez, confesando que votaron por él en las elecciones de 1998, con la motivación del cansancio por la corrupción tan grande que se vivió con los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, por lo que Chávez fue como “una bocanada de aire fresca en la cloaca de la política venezolana”.

Cuenta que en un principio el gobierno de Chávez fue bueno para la mayoría de los habitantes, pero que progresivamente se fue notando el déficit en la economía del país: “Decían que llevaba las cuentas del país en una libreta que cargaba en su bolsillo”.

Al momento de morir Hugo, su remplazo Nicolás Maduro terminó de cavar la tumba para el país, por lo que su padre, quien tenía una pequeña empresa de calzados por aquella época, decidió que era mejor mudarse a Colombia en donde logró reanudar su negocio en Bogotá.

La joven comenta cómo en un principio todo fue muy tranquilo y feliz para ella; logró ingresar a estudiar a la Javeriana y nunca tuvo problemas de xenofobia ni nada similar por ser venezolana. No obstante, esto cambio en el 2015, cuando Maduro en una cuestionable decisión cerró la frontera entre los dos países y comenzó a poner tensa la situación.

Los venezolanos se empezaron a enfrentar a una crisis tan grave que muchos comenzaron a cruzar la frontera de la forma como pudieran y en Colombia se comenzó a forjar un odio y arribismo con los habitantes del vecino país.

Señala que todo se hizo más notable en redes, donde los venezolanos, en especial las mujeres, empezaron a ser tratados como mercancía; los chistes y señalamientos sobre los atributos físicos y la etiqueta de prostitución comenzó a normalizarse en el país, al punto en que se convirtió en algo común acusar a una venezolana de ser prostituta.

“Fuimos carne de cañón. Empezaron a alabar nuestros atributos físicos y después nos convirtieron en mercancía. Decían que podían meternos en un paquete de cinco y darnos unos cuantos pesos para una orgía. Nos trataron de prostitutas(…)Mis amigos me respaldan, nadie se ha metido conmigo, pero me duele que a mis compatriotas no las bajen de perras; no nos bajen de perras”, comenta la joven estudiante.

La joven estudiante señala con repudio las bromas que ahora se ven como normales en el país, tales como: “dos venecas por $20 mil”, “La nueva frase de los colombianos en 2030: ‘si no comió veneca, no tuvo infancia’”, lo que le causa indignación ante la xenofobia disfrazada de comedia que se está distribuyendo por todo el país.

Agrega que la situación no ha sido fácil para los habitantes del país y que hacer bromas de la difícil situación que han pasado muchos, que prácticamente tienen que huir con las maletas al hombro porque el gobierno dictador los tiene acabados, no es algo que aporte de manera favorable a la situación.

“No me vine a Colombia a que me digan puta; ni vine a serlo. Es cierto que la situación en mi país es difícil y algunas mujeres se prostituyen como en todo el mundo; es un trabajo; pero no todas las ‘venecas’ (como nos dicen despectivamente) somos putas en Colombia ni buscamos un marido de turno para sacarle los pesos.”, termina manifestando la joven.

Aprovecha para destacar que aún existe una mayoría de venezolanos en Colombia que son profesionales y personas que se han dedicado a aportar al país y salir adelante, además de sus aportes gastronómicos, por lo que no todo tiene que ver con actividades sexuales.

Concluye invitando a los paisanos a tener consideración, respeto y brindar humanidad a los habitantes del vecino país, quienes están huyendo de un régimen injusto que los obliga a cruzar la frontera, tal como en algún momento, cuando Venezuela fue potencia petrolera, gran cantidad de colombianos cruzaban para buscar oportunidades en Venezuela.